UNA HUMILDE OPINIÓN.- Entre ruinas te veas

Por: Sergio Alejandro EUAN ARGÁEZ

Hace unas semanas una casona en la calle 65 por 44 en el centro de la ciudad colapsó. Este hecho era inminente, solo hay que observar las decenas de casas antiguas que existen en el centro histótico y que se encuentran en peligro de caerse. Eso a nadie sorprende. Lo que sí sorprende es la reacción de algunas personas ante esta situación: dichas casonas deben de ser objeto de demolición por ser un peligro para la gente. Esto es lo más fácil y lo que el meridano ha hecho desde siempre, deshacerse de su pasado histórico como si fuera un estorbo.

Recordemos que el centro histórico de la Ciudad de Mérida es el segundo más grande del país, sin embargo, también se puede decir que es el más mutilado y abandonado. Es cierto que cuenta con cierta belleza pero fue mucho mejor. Qué ha pasado con él. En varias ocasiones ha sido víctima de carnicerías y olvido. Contábamos con una ciudadela única en su tipo en toda Latinoamérica, la Ciudadela de San Benito, que después de ser convento y cuartel pasó a desaparecer porque fue abandonado y el gobernador de aquellos años pensó que era mejor demolerlo para hacer calles en vez de restaurarlo. Otro edificio que tuvo el mismo final fue el antiguo Olimpo, después de albergar distintos comercios llegó la falta de mantenimiento para que el 29 de octubre de 1974 fuera su último día en pie. Y así puedo enlistar un sin fin de edificios con valor histórico y arquitectónico invaluable.

Ahora bien, qué ha pasado. Simple y sencillamente al yucateco en general y al meridano en particular poca o nula importancia le da a su Vasto acervo cultural, si no es para presumir pero de ahí a que defienda, preserve y haga parte de su vida cotidiana sus raíces es otra cosa. Basta con decir que si ha permitido la demolición de muchos edificios importantes en su centro histórico es para dar paso a estructuras que no se acercan en nada a la magestuosidad y belleza, si no me cree solo hay que ver el nuevo Olimpo, los que están en proceso de construcción como el Palacio de la Música, o peor aún el Paseo de Montejo que ahora no es ni lo que fue en tiempos del Porfiriato y el auge henequenero, toda esa extraordinaria belleza de estilo francés a quedado a medias.

No puedo dejar de asociar estas demoliciones o pérdidas con el olvido al que el meridano siempre es asiduo. Y no estoy exagerando, si es así, dígame dónde quedaron las murallas de la ciudad. Recordemos que durante la colonia la península era blanco de los piratas, por tal motivo tanto la ciudad de Mérida, como la de Campeche, tuvieron que ser amuralladas para evitar los atracos, sin embargo, solo Campeche sobrevive con ellas. Otro ejemplo son los hermosos arcos que adornan la ciudad y según la leyenda urbana eran siete u ocho, no existe certeza al respecto. Hasta hace poco se restauraron los que se encuentran en las calles 61 y 63, no sin estar en el total abandono durante  mucho tiempo y cuyo final pensé que sería la demolición, pero esto tan solo fue un pequeño paso entre la gran caminata que se debe de hacer para preservar lo que queda del centro histórico.

No basta con rescatar fachadas para dejar que el resto del edificio se caiga a pedazos. No basta con decir que ni modo, los edificios son viejos y deben demolerse, se debe de realizar un consenso entre la autoridad, el INAH y la población en general. Es inexplicable que en pleno siglo XXI se siga con la idea de acabar con el patrimonio arquitectónico de la ciudad, eso aunado a la contaminación que tiene el centro: contaminación auditiva, visual y, por supuesto, de residuos materiales tirados por las calles. No se puede continuar con la idea de que el vecino hará algo, esto nos afecta a todos.

Se preguntarán si todavía se puede hacer algo. Por supuesto que se puede. Si el gobierno es capaz de gastar millones de pesos en obras que nadie pidió y que benefician a pocos (¿alguien dijo paso deprimido?), cómo no se podrá llegar a un acuerdo para poder rescatar casonas íntegras, por qué dejar esta tarea a los extranjeros que son los que están comprando dichos inmuebles y quienes poco a poco se apoderan del centro de la ciudad. Ojo. Hay que estar alertas, no debemos permitir lo que pasó hace muchos años cuando la ciudad se ganó el título de “Ciudad Blanca” por motivos racistas, imagine que en unos cuantos años seamos despojados de nuestro centro histórico por estas personas cuando vengan más y terminen por restaurar lo que por derecho nosotros debemos de hacer. Sobre advertencia no hay engaño.

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