REPORTAJE: Sexo en las Olimpiadas, el “deporte” favorito de los atletas

  • A propósito de Río 2016

Por: Eduardo GARCÍA GARCÍA

Como en casi todo, el sexo también vive en el deporte. Los fantásticos y, generalmente, esculturales cuerpos de las (los) atletas seducen tanto como sus hazañas deportivas. Y eso ya lo sabía bien el barón de Coubertin, el mojigato creador de los Juegos Olímpicos Modernos en 1896, quien siempre se opuso a que las mujeres participaran en los Juegos. Sin embargo, a fuerza de romper tabúes y tópicos injustificados, hoy en día, el sexo y el deporte parecen llevar caminos paralelos. Y Río de Janeiro no fue la excepción. ¿Cómo podría serlo? Por lo menos, desde Barcelona’92 ya se respira un poco más de libertad y un ambiente de mayor tolerancia sexual en las Villas Olímpicas y en las transmisiones de televisión, que le dan una nueva y fresca dinámica de auténtica fiesta global a los Juegos. Entonces, si más de once mil jóvenes atletas, lo mejor de la raza humana, conviven en Río, poniendo a prueba su cuerpo y su mente. ¿No harán lo mismo con sus penes y vaginas?

Gabe Mirkin, doctor en la Universidad de Georgetown, cita el caso del atleta David Wotle, a quien no le importó tener sexo la víspera de la final de los 800 metros en los Juegos Olímpicos de Münich (1972). No se sabe si Wotle actúo por impulso o con pleno conocimiento, pero lo cierto es que al día siguiente ganó esa carrera. Mirkin menciona también el ejemplo de otro atleta, en este caso un velocista cuyo apellido queda en el secreto profesional, que rompió un récord mundial poco después de haberse masturbado. Desde siempre, el sexo ha sido origen de muchas creencias en el deporte que luego el sentido común, la propia experiencia y, de alguna manera, la ciencia han puesto en su justa dimensión.

Con anterioridad, se creía que la excelencia de un deportista –por tanto un superdotado- se manifestaba también en el sexo, como si el atleta o semental pudieran ser la misma cosa. Y para equilibrar este tópico se consideró al sexo como un ingrediente dañino para el buen desempeño de esa maquinaria de precisión que es un deportista de élite. De esa forma, ellas y ellos se abstenían de coger durante sus entrenamientos y antes de sus competencias. La más sublime de las teorías era la que relacionaba la abstinencia –o frustración sexual- con la agresividad. “Muhammad Alí nos comentó que cuando no tienes contacto sexual durante algún tiempo te vuelves miserable y furioso, y eso hace de ti un gran guerrero”, escribe Mirkin. Y bueno, no es necesario ser deportista para saber que así se pone uno, cuando se es un damnificado sexual. Por otro lado, se ha demostrado que tener sexo en abundancia, puede convertirte en un campeón.

El caso es que más de once mil jóvenes de ambos sexos, sanos, fuertes, altos y generalmente sabrosones, posiblemente una selección inmejorable de las excelencias físicas de la raza humana, siguen conviviendo y compitiendo en Río de Janeiro poco menos que recluidos en unos pocos kilómetros cuadrados, donde su actuación ha sido observada por miles de millones de espectadores. Los Juegos son la desembocadura de años de entrenamiento, sacrificio y momentos de extrema ansiedad. En ese estado de alta tensión, ¿pueden vivir sin sexo?

Algunos sí, pero la experiencia dice que muchos otros no. Limitar la lujuria es siempre difícil, sobre todo en un terreno, el deportivo, en el que la herramienta de trabajo es el propio cuerpo.

Moscú 1980. Villa Olímpica. Cada pabellón tiene una nomenclatura, una letra y un número. Hombres y mujeres se alojan en edificios separados. La vigilancia es estricta: cada piso un guardia. Por las ventanas, hombres con binoculares. Hablan entre sí.

– ¡Atención en H5! ¡Primera ventana del tercer piso!

– ¡J6! ¡Mucho mejor en J6! ¡Quinto piso!

No están jugando a nada raro. En el edificio H5 se hospedan unas bellas atletas a quienes no les molesta ser fisgoneadas mientras se visten. En el J6, alguien ha puesto un cartelito en la ventana: “quiero ligar”. La venta de binoculares aumentó considerablemente en las dos villas olímpicas, la de hombres y la de mujeres. Ventana con ventana se podían establecer citas o se iniciaban juegos que luego se irían consolidando en el comedor, uno de los pocos lugares de uso común, y, finalmente, cachondeando… donde se pudiera.

Para Lalo 028“Conocíamos los horarios de vigilancia nocturnas en la pista de calentamiento, que era también un lugar donde podían acceder hombres y mujeres. Por las noches quedaba a oscuras. El lugar más cotizado para coger era la colchoneta del salto de garrocha. Tenías que darte prisa, y tener en cuenta también que en determinado momento se ponían en marcha los aspersores para regar la cancha. Si no había lugar, te tenías que ir a las laderas que estaban cerca de la villa, muy frondosas por cierto, o al mismo parque Lenin, que no quedaba muy lejos”, recuerda un atleta español. Al ser descubiertos, la vigilancia se recrudeció pero también agudizó el ingenio de hombres y mujeres, y naturalmente, no impidió que aquellos jóvenes sanos y fuertes se desfogaran sexualmente como corresponde. Mirkin dice que incluso hubo un atleta que logró romper todas las prohibiciones y fue capaz de meter a una mujer en su habitación bajo la excusa de que era una secretaria que debía redactar una reclamación urgente.

Los jefes de delegación de cada país saben lo que les espera en cada cita olímpica. Los tiempos han cambiado y las normas disciplinarias de antaño no funcionan en la actualidad: muchos deportistas ya no son amateurs, ganan dinero y tienen a sus propios agentes. Algunas delegaciones toman sus precauciones. No se trata de darle a cada deportista una caja de condones, sino en la mayoría de los casos, de una medida más severa: repatriar a los atletas en cuanto acaban su actuación. Porque todo el mundo sabe que existe un invariable calendario sexual en los Juegos: antes de competir, al atleta no parece demasiado interesado en el sexo, como si el último esfuerzo mermara su carnalidad. Pero terminada su competencia…. comienza una cacería desenfrenada. Los últimos días, el caos es absoluto. Y no se comportan igual los atletas de disciplinas individuales que los de equipo, más calenturientos los primeros que los segundos.

Se sabe, por igual, que las disciplinas más exigentes llevan a mayores desenfrenos a sus deportistas. Es un hecho que nadadores y nadadoras son extraordinariamente promiscuos una vez que acaban su competencia, pero suelen ser bastante exclusivistas. Remeros y remeras tienen merecida fama, como los atletas, muy acostumbrados a relacionarse entre sí gracias a la gran cantidad de campeonatos internacionales en los que se ven. Las curvilíneas chicas del voleibol, por obvias razones, están entre las más cotizadas. Por nacionalidades, también se aceptan algunas generalizaciones: fantásticos los nórdicos (as), australianos (as) y europeos del Este. Inaccesibles las hermosas gringas, porque suelen hacer vida aparte junto a sus clanes o fraternidades. Es tradición que las atletas francesas organicen votaciones para elegir a los 10 deportistas más buenos: los integrantes de la lista saben que tienen el campo libre. Nada que hacer con las bellas y buenonas gimnastas, demasiado jóvenes y estrechamente vigiladas.

Los Ángeles 1984. Aquí no hubo separación entre hombres y mujeres. Los y las atletas se entrepiernaron mucho con la población común y corriente. El intercambio de pins era una buena excusa para hacer amigos y amantes. Pero sobre todo, estaban las fiestas que se realizaban cada noche por toda la ciudad. Un atleta recuerda: “una noche fui a una fiesta muy familiar, en donde cada hija había invitado a un deportista, y a la madre nos la encontramos en la cocina merendándose a un directivo”. Trascendió que en la delegación española, unos deportistas cazaron in fraganti a la presidenta de una federación en pleno 69 con el vicepresidente de otra federación.

Naturalmente, la ciencia ha logrado terminar con algunos clichés. El fisiólogo Loren Cordain, de la Universidad de Colorado State, tras años de experimentación con atletas casados, concluyó: “No tenemos razones para creer que ningún parámetro fisiológico que podamos medir, asociado al rendimiento de un deportista, puede ser fácilmente alterado por el intercambio sexual”.

Con los años, se han derribado las tradicionales creencias. El sexo ya no es tabú. Y en ese sentido, desde Barcelona ‘92, los Juegos han sido espectacularmente más abiertos. La abstinencia sexual ha pasado de moda. “Antes de una competencia no me importa tener sexo, dice un atleta ahora en Londres, pero aviso de que no quiero perder mucho tiempo en eso. Lo hago como los conejos: aquí te agarro, aquí te mato. Eso sí, si estamos en competencia, la noche es sagrada”.

“Si yo me encontraba perfectamente relajado la noche anterior a una competencia, normalmente me abstenía. Pero si me sentía nervioso, entonces procuraba coger, y eso realmente me ayudaba”, ha dicho Robert B. Argot, ex deportista, médico y comentarista de televisión, quien reconoce haber conocido a muchos atletas que han ganado medallas después de un intercambio de efluvios sexuales la noche anterior. “En su justa dimensión, no hay mejor droga disponible contra la ansiedad, que tener sexo antes de una competencia”.

Se sabe que entre el 70 y el 75 por ciento de los deportistas mantienen relaciones sexuales unos con otros, también ha comentado el reconocido nadador estadounidense RyanLochte. “Hay mucho sexo. He visto gente teniendo sexo en público, en los jardines, entre los edificios, casi en cualquier lugar”. Las Olimpiadas son una experiencia única y todos quieren llevarse algo y el sexo está incluido, dijo Hope Solo, portera del equipo de fútbol femenino de Estados Unidos, en una entrevista para ESPN.¿Y por qué no? La cita deportiva más grande del planeta reúne miles de los cuerpos más cuidados del mundo. Son más de once mil atletas que han estado participando en Río 2016, donde se han repartido más de 200 mil preservativos, 50.000 más que en Londres 2012, la mayor cantidad en la historia de los Juegos y una ya tradicional costumbre que se inició en el certamen de Barcelona’92, como parte de la campaña contra el  sida.Quizás el estrés de las competencias o el constante acoso de la prensa ‘obligan’ a los atletas a refugiarse en el único espacio donde aún pueden conservar su privacidad y dar rienda suelta a sus deseos. Un ejemplo es el del lanzador de jabalina BreauxGreer, quien confesó haber aceptado una propuesta en Sídney 2000 para tener relaciones sexuales en la Villa Olímpica con dos chicas atletas a la vez. “Nunca he vuelto a tener tato libertinaje en mi vida”, ha dicho.
“Los Juegos Olímpicos son la cima de tu carrera, así que quizás hagas algunas cosas que usualmente no harías”, comentó en su momento con picardía la voleibolista de playa, la británica ShaunaMullin. “Es como la universidad”, aseguró el waterpolista Tony Azevedo. “La Villa se convierte en algo salvaje, el epicentro del sexo más grande en el que jamás haya estado”, ha reconocido el nadador Eric Shanteau.
Muchos deportistas aseguran que la abstinencia puede incluso influir negativamente en su desempeño en las competencias, pero otros afirman que en un buen sexo y luego una buena siesta en las vísperas de una competencia importante son la combinación perfecta para una gran actuación. Los ‘secretos olímpicos’ poco a poco comienzan a ver la luz.

El hecho es que el sexo en las Villas Olímpicas ya no es un secreto para nadie. Muchos deportistas, entrenadores, aficionados y organizadores aún continúan discutiendo sobre la rigurosidad que deberían tener los atletas en los Juegos Olímpicos, a pesar de que estos ya se olvidaron de ocultar lo que antes era un secreto a voces.

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