REPORTAJE: Curvas Olímpicas, el pasado de Río 2016

Por: Eduardo GARCÍA GARCÍA

No hay duda: la última generación de mujeres atletas ha revolucionado al deporte mundial en su conjunto. Lejos quedaron los días en los que el barón Pierre de Coubertin, creador de los Juegos modernos, allá en 1896, se oponía a que las chicas practicaran algún deporte, por lo que les negó la posibilidad de competir en la Primera Olimpiada.

Margaret Abbot (1900)

Margaret Abbot (1900)

Pero los tiempos estaban cambiando. Así que el malhumorado De Coubertin tuvo que cambiar de opinión y mostrarse más tolerante que sus antepasados olímpicos. Porque recordemos que en la antigua Grecia, a las mujeres no sólo se les impedía participar en los Juegos, sino que incluso las casadas tenían estrictamente prohibido presenciarlos. Si una de ellas era descubierta entre los espectadores, era castigada incluso con la muerte (eran arrastradas de los cabellos hasta el precipicio más cercano y arrojadas a él). Por eso, quienes quieran entender a la mujer deportista del siglo XXI, deben conocer su lucha.

Y es que nadie puede negar que en la medida en que las féminas han invadido los campos deportivos, el deporte mismo se ha revolucionado. Porque resulta que las damas no lo han hecho nada, pero nada mal. Lo mismo lanzan una jabalina que nadan, pelean y compiten con fiereza. En las reseñas, en los perfiles, las mujeres deportistas ya alcanzan la clase de estatura mitológica que durante mucho tiempo se dio por sentada en el caso de los hombres. Esta extraordinaria metamorfosis de los campos, las pistas, las albercas y las arenas, que ahora da sus frutos, se remonta a finales del siglo XIX cuando las chicas occidentales se liberaron de faldones, enaguas, corsés y labores domésticas. La recién inventada bicicleta, un hito de la época, les ayudó en sus propósitos. Gracias a este artefacto, las mujeres usaron por vez primera pantalones (los cuales escandalizaron la época) y comenzaron a practicar un deporte de forma masiva. Y con este significativo avance, las mujeres iniciaban su larga lucha a fin de terminar con su amarga subordinación.

Greta Johansson (1912)

Greta Johansson (1912)

Todo empezó en los Juegos de París, que formaron parte de la Feria Mundial de 1900. Ahí, las hostilidades hacia las deportistas se suavizaron un poco. Por ello, los organizadores consintieron la participación de once mujeres. Sin embargo, no las dejó competir en deportes rudos y sudorosos como los de pista y campo, sino en dos que son más delicados: tenis y golf. El tiro con arco se agregó a la agenda olímpica femenil en Saint Louis 1904, aunque el número de féminas se redujo a ocho; el patinaje se incluyó en 1908, y así sucesivamente a través de los años.

Pero en 1900, una delicada joven británica de 26 años llamada Charlotte Cooper ganó el torneo de tenis (cancha de pasto) y se convirtió en la primera campeona olímpica de la historia. En tanto, Margaret Abbot, de 22, y originaria de Chicago, triunfaba en el torneo de golf. Pero nadie le dijo que este deporte era parte de los Juegos, por lo que nunca se enteró de que era la primera norteamericana en lograr un título olímpico; de hecho, su familia lo supo un año después de su muerte (1955).

Doce años después, en Estocolmo, compitieron 57 mujeres; pero la natación y los clavados se incluyeron de mala gana. Muchos consideraban a estos deportes inapropiados para las “frágiles” señoritas, por lo que en clavados sólo fue admitida una precoz sueca de 17 años: Greta Johansson. Por su parte, Fanny Durack, además de ser la primera nadadora en ganar los 100 metros estilo libre de la historia, fue la primera australiana en conseguir una medalla de oro.

Aun así, no fue sino hasta 1920 cuando los Estados Unidos enviaron oficialmente a un equipo femenil (quince atletas) a una Olimpiada. Cuatro años después, de la escuadra norteamericana de natación surgió GertrudeEderle, de 17 años, quien ganó la medalla de oro en los relevos de 4X100 y que más tarde se convertiría en la primera mujer en cruzar a nado el Canal de la Mancha.

Ethel Catherwood (1928)

Ethel Catherwood (1928)

Más altas, más fuertes, más rápidas… Y más buenas…

La irrupción masiva de la mujer (288) en Ámsterdam 1928, le dio un esplendor nunca antes visto a las competencias olímpicas. Y por vez primera se les permitió contender –y sudar- en deportes de pista y campo (salto de altura, lanzamiento de disco, 100 metros planos, carrera de 800 metros y los relevos de 4X100). Pero durante los 800 metros una corredora se desmayó y el resto terminó la prueba en tan lamentables condiciones físicas que el diario London Daily Mail advirtió que todas aquellas que corrieran semejantes distancias estaban en “peligro de envejecer rápidamente”. Por ello, y después de ver los desastrosos resultados de dicha competencia, ganada por la alemana Lina Radke, los asustados organizadores limitaron en lo sucesivo la participación de las mujeres a pruebas de velocidad. Los 800 metros no fueron repuestos sino hasta Los Ángeles 1984.

Eso sí, en 1928, la prensa especializada proclamaba a la canadiense Ethel Catherwood, de 17 años, “la chica más hermosa de los Juegos”. Y no sólo era preciosa sino también una atleta completa, ya que ganó en la prueba de salto de altura al brincar 1.60 metros. De igual manera, la primera norteamericana –y de hecho, la primera dama- en triunfar en competencias de pista fue Elizabeth ‘Betty’ Robinson, de 16, quien se llevó los 100 metros planos.

Estas hazañas del llamado sexo débil sirvieron de inspiración a Mildred Ella “Babe” Didrikson, de 18, quien en Los Ángeles 1932 arrasó en las recién incluidas pruebas de lanzamiento de jabalina y los 800 metros con obstáculos. También obtuvo la mejor marca en salto de altura, pero los jueces le concedieron sólo la medalla de plata porque, según ellos, su estilo -diferente al oficial de tijera- era ilegal. En Berlín 1936 seguían siendo cuatro las competencias olímpicas femeninas: natación, esgrima, las pruebas de pista antes mencionadas y la gimnasia.

La Holanedesa Voladora

La Holanedesa Voladora

Con el tiempo, las mujeres no sólo iluminaron las contiendas con su belleza sino que demostraron ser dignas competidoras olímpicas, por lo que se les empezó a respetar y a tomar en serio sus asombrosas hazañas deportivas. Las chicuelinas eran ya elementos básicos de los Juegos. Los años cuarenta, cincuenta y sesenta fueron de ellas. Ya nada volvería a ser igual. Al fin se les había facilitado una arena internacional donde pudieron lucir sus grandes talentos deportivos y, por supuesto, sus encantos naturales. ¡Y vaya que lo aprovecharon! En Londres 1948 brillan con luz propia atletas de la talla de la holandesa Fanny Blankers-Koen, quien a la fecha es la única mujer que ha ganado cuatro medallas de oro en competencias de pista y campo en una sola Olimpiada –en 1999 fue proclamada “la atleta más destacada del siglo XX”. De madre amorosa y responsable ama de casa  en su tierra natal, se transformó en una fiera deportista fuera de serie –le llamaban la holandesa voladora– al vencer sin problemas en los 100 y 200 metros planos; en los 80 metros con obstáculos y en los relevos de 4X100.

Durante los Juegos de Helsinki 1952, la danesa Lis Hartel, fue la primera mujer en competir en deportes ecuestres  -en contra de los hombres-, ganando la medalla de plata; la gimnasta soviética María Goroschovskaia –o Gorokhovskaya, fue –y sigue siendo- la máxima medallista en una sola edición con siete preseas, 2 de oro y 5 de plata. La primera mujer de la historia olímpica en hacer el juramento en la ceremonia de apertura fue la gimnasta HeikkiSavolainen. Si se trata de clase, gracia y belleza, en clavados nadie como la norteamericana Pat McCormick, quien arrasó en las pruebas de trampolín y plataforma en estos Juegos y en Melbourne 1956.

La Gazelle

La Gazelle

En Roma 1960, WilmaRudolph, joven norteamericana de piel oscura de 20 años, cuya pierna izquierda estuvo paralizada por la polio hasta los diez, casi iguala la proeza de la Blankers-Koen al ganar tres oros en carreras de velocidad (los 100 y 200 metros planos, así como los 4X100). La prensa francesa le llamó cariñosamente La Gazelle. Y qué decir de la más extraordinaria atleta en la historia del Olimpismo: la gimnasta soviética Larissa Latynina, quien a la fecha sigue siendo la deportista más galardonada. Compitió en 1956, 1960 y en Tokio 1964, acumulando un total de nueve preseas doradas, cinco de plata y cuatro de bronce. En 1964, DawnFraser fue la primera atleta en ganar el mismo deporte en tres Olimpiadas sucesivas. Nadie, hombre o mujer, lo había logrado antes.

¡Vive la difèrence!

Y cómo olvidar México 1968, cuya fase más emotiva de la inauguración fue la llegada de la antorcha al estadio de Ciudad Universitaria. Y cómo no recordar que por vez primera llegaba en manos de una mujer: en las de la corredora mexicana Queta Basilio Sotelo, quien ya forma parte de la historia olímpica. Tampoco podríamos pasar por alto a nuestras compatriotas Pilar Roldán y María Teresa Ramírez, primeras medallistas olímpicas (plata en

Vera Cáslavská (1968)

Vera Cáslavská (1968)

esgrima y bronce en natación, respectivamente). Como todos sabemos, en Sydney 2000 la halterista Soraya Jiménez se convirtió en la primera mexicana en ganar una presea dorada; también brillaron la extraordinaria Ana Guevara, la más grande velocista de nuestra historia, campeona mundial de los 400 metros y medalla de plata en Atenas 2004, donde Iridia Salazar ganó el bronce en taekwondo; la bella gimnasta Denisse López, la primera gimnasta nacional en llegar a las finales; así como las ciclistas Nancy Contreras y Belem Guerrero (plata). En Beijing 2008 brillan, en clavados sincronizados, Tatiana Ortiz y la hermosa Paola Espinoza, ganadoras del bronce (en Londres, Paola ya logró su segunda presea olímpica, esta vez de plata, con Alejandra Orozco de 15 años, en clavados sincronizados), María del Rosario Espinoza (oro en taekwondo). Y qué decir de Mariana Avitia y Aída Román, ganadoras del bronce y la plata, respectivamente, en tiro con arco en Londres 2012. Pero volviendo a 1968, recordemos a la siempre elegante y curvilínea gimnasta checa Vera Cáslavská, quien se ganó, además de tres medallas de oro y dos de plata, el cariño de todos los mexicanos. Aquí terminó casándose con otro atleta olímpico en la Catedral antes de volver a Praga –hoy vive recluida en un psiquiátrico. ¿Se acuerdan de aquellas beldades que formaban parte del equipo soviético de gimnasia femenil? En estos Juegos debutaron como pruebas femeninas el voleibol y el canotaje.

Y aunque lo parezca, para la mujer no ha sido fácil conquistar su espacio vital en el mundo deportivo, donde a duras penas han sido toleradas. E innumerables son los obstáculos que ha tenido que sortear a lo largo de su historia, incluyendo las pruebas antidoping y cromosómicas, ésta última para constatar el sexo de las mujeres. La primera atleta en fallar la prueba de cromosomas fue la polaca Ewa Klobukowska, vencedora en los relevos de 4X100 en 1964. Su cromosoma extra, con el que técnicamente deja de ser mujer, fue detectado un año después, por lo que se le retiró su medalla. Por esa razón, el examen hormonal se hizo rutinario desde 1968. En el 80, se conoció el extraño caso del primer travesti olímpico de la historia: el de la norteamericana Stella Walsh, quien en 1932 ganó los 100 metros planos para damas. No obstante, 48 años después, su autopsia reveló que ¡era hombre!

Algo curioso sucedió en Munich 1972: compiten, por primera ocasión más de mil mujeres (1,299, otros dicen que 1,059). Con 70 años, la amazona británica Lorna Johnstone es la participante olímpica de más edad de todos los tiempos. Igualmente, Annelie Erhardt –de la entonces Alemania Oriental- es la primera campeona olímpica en los 100 metros con vallas, prueba que antes se corría sobre 80. Qué me dicen de la reina de estos Juegos: la gimnasta soviética Olga Korbut –tres de oro y dos de plata-, quien se destacó por sus sensacionales acrobacias y sus peligrosos saltos mortales.

La inolvidable Nadia Comaneci (1976)

La inolvidable Nadia Comaneci (1976)

Como vemos, el tema es inagotable. Sin embargo, sería un crimen no mencionar a la encantadora Nadia Comaneci, reina indiscutible de Montreal 1976. Hasta su aparición, nadie había hecho lo que ella: una calificación rotunda, perfecta y excluyente que la colocaría en el Olimpo de las diosas de la gimnasia: ¡un diez! En esos Juegos, con tan sólo 14 años, la rumana humilló a sus pares soviéticas al acumular tres medallas de oro, una de plata y otra de bronce. Lo más novedoso de su actuación fue el ritmo musical que imprimió a su rutina sobre el suelo, convirtiendo en baile una sucesión de acrobacias. Las atletas alemanas muestran su poderío al ganar once de las 14 pruebas de natación y 9 de las de pista y campo. Kornelia Ender obtiene cuatro de oro y una de plata. Margret Murdock, de los Estados Unidos, consigue la plata en una prueba liderada por los hombres: el tiro con rifle. En 1976, los anabólicos figuran por vez primera en la lista de doping.

Pero qué me dicen de la extraordinaria Florence Griffith Joyner, quien surgió a la fama en Seúl 1988, donde revolucionó al atletismo mundial femenino. La hermosa atleta negra (fallecida en 1998 en circunstancias muy extrañas), hizo delirar a los espectadores con sus récords (ganó tres oros, en los 100 y 200 planos y en los 4X100), sus extravagantes mallas aerodinámicas, su maquillaje de última moda y las uñas femeninas más largas de la historia. La Griffith eclipsó a grandes figuras del atletismo mundial como su compatriota Carl Lewis. ¡Ufff y más ufff! Pese a todo, la mejor atleta de esa Olimpiada fue sin lugar a dudas la alemana Kristin Otto, quien con sus seis medallas (cinco de ellas de oro) se ganó el título de la mejor nadadora de todos los tiempos.

En Los Ángeles 1984, diez deportes femeniles fueron agregados a la lista olímpica. Pero con mucho, el más relevante de todos fue la maratón. El Comité Olímpico Internacional la incluyó después de una década en la que hubo suficientes competidoras. La atleta más destacada de la época fue la noruega GreteWaitz, de 30 años, que corría desde los doce. Empero, la maratón de esa edición se la llevó la estadunidense Joan Benoit. Regresó el tenis olímpico, aunque el número de participantes varones rebasó al de mujeres. La reina indiscutible fue la escultural gimnasta norteamericana Mary Lou Retton.

Florence Griffith Joyner (1988)

Florence Griffith Joyner (1988)

Así tenemos a la hermosa nadadora Franzi Van Almsick, quien en Barcelona 1992 levantó el ánimo de su país, la recién unificada Alemania, en un momento crítico de su historia. O a las increíbles clavadistas chinas, jovencitas, potentes y a la vanguardia. También brillaba la diosa jamaicana Marlene Ottey, quien además de exhibir uno de los cuerpos más portentosos del circuito atlético mundial, es quien más medallas ha ganado en la historia de los Mundiales de Atletismo (14 en total). En 1992, ya eran 23 los deportes olímpicos femeninos. Pero en Atlanta 1996 se agregaron nuevas disciplinas para las deportistas: el judo, softbol y el fútbol soccer. Además participaron 3,512 mujeres, una cifra récord en los anales olímpicos. La reina de la justa fue la encantadora gimnasta norteamericana, de origen rumano, Dominique Moceanu.

En Sydney 2000, brillaron CathyFreeman (medalla dorada en los 400 metros, quien además encendió el pebetero olímpico); la potente morenaza María Isabel Urrutia, levantadora de pesas, quien obtuvo la primera medalla de oro para Colombia. Un triste y dramático caso es el la hermosa velocista norteamericana Marion Jones, quien luego de obtener tres medallas doradas y dos de bronce, se convirtió en un hito de la historia de los Juegos. Sin embargo, tras comprobársele el uso de sustancias ilegales para sus triunfos, en 2007 fue encarcelada y se le obligó a devolver sus preseas.

Los cuerpos de las atletas seducen tanto como sus hazañas deportivas y, mientras algunas federaciones internacionales intentan explotar ese gancho para promocionar sus respectivas disciplinas, algunas profesionales se sienten usadas sexualmente. Un claro ejemplo de esta situación lo es el sensacional voleibol playero, que hizo se debut en Atlanta 1996. Embutidas en unos bodies de lycra que eyectan sus curvas naturales hasta el vértigo, las voleibolistas playeras imantan tantas miradas por su imponente físico de pasarela como por su rutilante juego. En octubre de 1998, la Federación Internacional de Voleibol (FIVB) ratificó la obligación de que las jugadoras llevasen indumentarias deportivas ajustadas para potenciar la especialidad. La experiencia del voleibol playero femenino en Atlanta resultó una revelación mesiánica: aquellos cuerpos cincelados en bronce de las hermosas brasileñas, cubanas, mexicanas y norteamericanas dilataron pupilas y ocuparon muchas horas de la parrilla televisiva.

Yelena Isinbayeva

Yelena Isinbayeva

Y aunque no todas están de acuerdo, menudean las especialidades en las que, a título personal, las deportistas eligen prendas muy sensuales en un intento de combinar la comodidad con el lucimiento. En Londres, los casos más notorios se registran en deportes tales como la natación, el ciclismo (¡mmmm!), el atletismo (donde alocará sin duda alguna la hermosa rusa YelenaIsinbayeva, campeona mundial de salto de garrocha, el tenis (la top model rusa María Sharapova o la buenona Venus Williams), el voleibol (¡esas sensacionales españolas y brasileiras de fuego!), gimnasia y clavados (sensuales todas, en especial las gimnastas rumanas y gringas). Florence Griffith, fue pionera en este campo. Al margen de su condición de la mujer más rápida del mundo, descolló por su genuina imagen de marca: vestía bodies muy ajustados para pulir las aristas de la resistencia al viento -al igual que las velocistas sobre hielo-, pero aliñaba el look con unas diminutas bragas de encaje por encima de la lycra que ella misma definía como saltos de cama atléticos.

Hay más salidas. Cuando las ubres del deporte no dan para más, también se puede ejecutar el triple salto mortal desde las portadas de la revista Playboy. Ahí están para la historia los desnudos de la patinadora alemana Katarina Witt, de las nadadoras norteamericanas Amanda Beard y Haley Clark, de la saltadora de garrocha húngara Pole Vault, de la saltadora de altura estadounidense Amy Acuff, de la chula voleibolista playera gringa Gabrielle Reece o de la tenista Ashley Harkleroad. Con esos cuerpazos, las atletas modernas, que nada tienen que envidiar a los de las más cotizadas Top Models, se han convertido en un reclamo para seducir al público y los aficionados.

Las esculturales Liliana Fernández y Elsa Baquerizo, del equipo español de voleibol playero (2012)

Las esculturales Liliana Fernández y Elsa Baquerizo, del equipo español de voleibol playero (2012)

Hoy en día, un tercio de las jóvenes estadounidenses toma parte en deportes en las escuelas, mientras que en las universidades casi la mitad de los equipos están integrados por mujeres. Un fenómeno afortunado que se extiende por todo el mundo, aunque en los ex países socialistas ya existía. Los Estados Unidos y ahora China -como casi en todo- están a la vanguardia de los deportes femeninos.

Además, el efecto del deporte sobre las jóvenes es profundo. Las investigaciones demuestran que quienes participan en deportes consiguen mejores resultados académicos y tienen menos probabilidades de abandonar sus estudios, consumir drogas o quedar embarazadas. A medida que envejecen, la incidencia de cáncer de mama es menor y aumenta su poder de autoridad. El 80 por ciento de las mujeres en posiciones clave en las 500 mejores empresas de la revista Fortune dicen haber sido deportistas.

En fin, la proporción de hombres a mujeres sigue siendo prácticamente la misma que en 1900: nueve a una. Pero no importa, siempre y cuando sigan alocándonos la hormona con su cachondez y poderío por los siglos de los siglos. ¡Que vivan las Curvas Olímpicas!!!

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