En los retretes coger es más sabroso y SEXOHORÓSCOPOS del 13 al 19 de febrero de 2017

Por: El Capitán LUJURIA

Hurgando en un viejo baúl, encontré algo que me trajo bonitos y húmedos recuerdos: una bolsita de plástico que contenía algunos pelos que arranqué, hace algunos años, del coño de Carmen, una de las mujeres que más he gozado. Aunque se trató de un amor fugaz. ¡Mmmm! Su sólo nombre me pone cachondo. Nuestras familias rentaban viviendas en una vieja casona y cuando la conocí llevaba un vestido amarillo ajustado.

Oh, era chula y tenía un culo increíble, todo músculo y carne. Sus chiches parecían a punto de desbordarse y romper su vestido amarillo. Llevaba los labios pintados de un rojo carmín intenso. Por supuesto, ella era casada. Lo que no impedía que yo la espiara cada vez que ella pasaba por mi ventana. Carmen sabía que yo la miraba con morbo mientras me la meneaba; a ella parecía gustarle. Nuestras miradas se cruzaban. Hasta que un día, ya por la noche, la vi de nuevo con aquel vestido amarillo y no pude más.

En silencio la seguí por el sucio patio que estaba poco iluminado; al alcanzarla la sujeté de la cintura mientras ella soltaba la bolsa del pan. Por el suelo rodaron algunos bizcochos mientras ella ofrecía alguna resistencia. Pero al final cedió. Así que apoyé mi boca en aquellos labios. Se abrieron. Bajé la mano y comencé a manosearla mientras le alzaba el vestido amarillo. Sin dejar de besarla le arranqué los calzones.

La llevé a un asqueroso retrete colectivo que estaba en el patio y que casi nadie usaba porque no tenía luz ni agua. Yo tenía una erección tremenda. En ese momento ya no nos importaba si alguien venía ni lo que ocurriera. Nos metimos en el retrete retorciéndonos y ahí la sujeté, la arrojé a la pared, la besé con lujuria e intenté metérsela, pero no hubo manera, así que la senté en la taza, rodeada de asquerosos papeles de baño y kotex usados.

Me hinqué y le puse sus piernas carnosas bien abiertas sobre mis hombros. Le encantó que la sentara en esa postura tan obscena. Se le abrió completamente el conejo. En la penumbra quedé ávido del tórrido espectáculo que ella me ofrecía, repugnante y magnífico: la gran mata de pelos rizados, la gran raja prieta y mojada, el ojo marrón del culo. “Apártate los pelos –le dije-, no te veo bien el agujero, quiero verlo cómo chorrea”.

Ella se separó los labios con las dos manos, roja de vergüenza y excitación. Se la lamí generosamente y entonces le arranqué los pelos (no me pregunten cómo). Ahora me siento en la taza y lo intentamos de nuevo, pero tampoco hay nada que hacer, es muy pequeño el espacio. Por mucho que lo intentamos no puedo. Y durante todo el tiempo ella me la menea, ¡pero es inútil! Estamos demasiado calientes, demasiado ansiosos.

De nuevo, nos ponemos de pie y por fin logro metérsela. Fue algo rico. Ella gimió. Fui muy lentamente. Midiendo mis sacudidas, para que no se me saliera. Sin embargo, y mientras Carmen se chorreaba, me vine encima de su bonito vestido amarillo. Nos besamos una vez más y prometimos vernos al día siguiente, a la misma hora. Luego salimos dándonos la espalda sin hablar. Me masturbé todo el día siguiente esperando llegara la hora cuchi cuchi. Salí y la esperé en el patio. La vi llegar con un vestido rojo más corto y más ajustado que el amarillo. Y llevaba el pelo suelto, como a mí me gustaba. Y los labios aún más pintados que la vez anterior.

Tenía aire de piruja. Se me puso tiesa. La jalé hacia el retrete que apestaba a orina rancia. Luego me le eché encima, le besé aquellos labios rojos y obscenos. Le quité los calzones y se la metí. Con más práctica, le dimos al asunto aporreando las cuatro pequeñas paredes. Esta vez duró más. Cogimos y cogimos. Era tan rico, tan cochino este coger y coger. “Se está haciendo más grande y más grande. ¿Lo sientes?”. “Sí, sí..”. Terminamos, me subí los pantalones mientras ella se arreglaba el vestido. Salimos, nos dimos la espalda y fuimos a nuestras viviendas.

Al otro día, cuando me asomé por la ventana, Carmen ya me esperaba en el patio. Entramos juntos al retrete. Esta vez llevaba un vestido azul, estampado de flores, zapatos blancos y fumaba un cigarrillo Benson and Hedges mentolado. Comencé a manosearla y besarla cuando me dijo con su voz áspera y mandona: “¡Espera un momento!”. “¿Qué pasa?”, le pregunté. “Vamos a mi departamento, esta noche estoy sola”. “Bueno”. La seguí discretamente con el pivote duro. Ella abrió la puerta y entramos rápidamente. “Bonito lugar”, dije. Me llevó a la recámara. Se desnudó rápidamente y se tumbó en la cama. El pelo de su coño era mucho más oscuro y tupido de lo que me había parecido en la penumbra, casi me chorreo sobre su almohada. “Bueno, ¿qué esperas?”, dijo. Me encueré rápidamente dejando mi barriga de bebedor de cerveza al aire.

Luego me eché en la cama a su lado. La besé. Teníamos las luces encendidas. “Oye, le dije, ¿tienen que estar prendidas todas las luces?”. “Claro que no”. Las apagamos. Me le eché encima. La besé y le lamí las tetas, la besé en la boca y en el cuello. Me la pasé un buen rato besándola…. con la verga flácida. “¿Qué pasa?”, preguntó. “No sé”, le respondí. “Las cosas no van bien, ¿verdad?”. “No”. Me levanté y empecé a vestirme en la oscuridad. Carmen prendió la luz de la mesita. “¿Tú que eres? ¿El depravado de los retretes?”, me reclamó. “No, no…”. “Pues parece que sólo lo puedes hacer en los retretes mugrientos y repletos de mierda, ¿verdad?”. “No, claro que no. No sé qué me pasa”. “Pero ahora me tienes aquí, con todos mis agujeros bien abiertos y nada de nada”, dijo Carmen. “Ya lo sé”, respondí mientras me vestía. “Oye cabrón”. “¿Si?”. “Cuando se te pare, me desees y me la metas en algún lugar más decente, me lo haces saber, ¿entendido?”. “Si, entendido”. Ya vestido y de pie. “Se acabó lo del retrete, ¿entendido?”. “Entendido”. “Si vuelves a violarme en el retrete, grito para que todos se enteren, te lo juro”. “Está bien”. Salí del departamento, con el orgullo por los suelos. Me dirigí a mi vivienda y cuando pasé por el retrete me quedé ahí, admirándolo triste y en silencio.

De pronto cruzó el patio Cecilia, otra de mis vecinas. Era pequeñita y nalgoncita; traía una falda con rayas negras y blancas, una blusa blanca y zapatos de tacón alto. Venía de trabajar. Nos saludamos y la jalé por la cintura. Ella gritó levemente. La besé. Me dio una cachetada. Casi la arrastré al retrete. Y mientras ella me arañaba la cara, la manosee y le subí la falda. Me gustó lo que vi. Se me puso dura. Pegué mi boca a la suya, sentí sus tetas pegadas a las mías. “¡Me estás violando!”, susurró a mi oído, jadeando. Le jalé las bragas. Me bajé los pantalones, subió una de sus piernas en la taza y se la metí, suave y cadenciosamente, rodeados de papeles de baño mugrientos y tampones usados.

SEXOHORÓSCOPOS

ARIES: Tu pasado oscuro te delata (te gustaba follarte a perritas falderas) y tu novia ya sospecha. Claro, tú no tienes la culpa de parecer un depravado (o un diputado o senador). Pero nomás aparece su pequeña maltés y se te ponen los ojitos en blanco. ¡Contrólate!

TAURO: ¿Acaso se te ha subido la menstruación al cerebro? Vives agradecida con el fulano que te ha hecho creer que no todos los hombres son basura. Eso está muy bien. Pero, no es pa’tanto. Es un borracho, lo mantienes y es mayor que tú. Por eso tus padres no lo aprueban.

GÉMINIS: Eres muy aburrido. No bailas, no fumas, no bebes y ya casi ni coges. Sólo trabajas y trabajas. Por eso te odian las mujeres. O cambias de actitud o acabarás petrificado. Tú sabes.

CÁNCER: Te encanta la cogedera y la pachanga. Muy bien. Pero a tus vecinos ya les molesta que recibas a hombres a todas horas y de que tengas un hijo inútil que nunca va a la escuela ni trabaja. Sólo se más discreta.

LEO: Si, ya sé. Estás recién casado pero sufres. No puedes olvidar aquellos baños de leche de 500 varos que te proporcionaban dos mantecosas bellezas de los rumbos de La Merced. Ni modo, tu quisiste embarcarte.

VIRGO: Te cansaste de ser virgen y acabas de tener una aventura sexual con un sucio desconocido. ¿Por qué tanta prisa? En la vida hay otras cosas importantes además de coger y mamar. ¿O no?

LIBRA: ¿Qué no te cansas? Pese a que cada rato te sacan de los baños públicos y de los cines porque te agarran masturbándote mientras ves películas de Walt Disney, no entiendes. Te recomiendo mejor que lo hagas en las urnas de votación de las próximas elecciones o que te busques una vieja.

ESCORPIÓN: Eres del tipo rudo de mujeres a quien todos adoran. Ya sabes, mordiscos de prepucio, rasguños de espalda, jalones de güevos. Todo normal. La bronca es que nomás te dicen “mi amor” y empiezas a abrir los cajones de tu closet para sacar tu colección de látigos, consoladores y collares de perro con púas. ¡Eso asusta a cualquiera!

SAGITARIO: No hay de qué preocuparse. Tan sólo eres otro marido travieso a quien le gusta, de vez en cuando, tener sexo salvaje y chuparle la polla a un fulano con corsé. Lo peor que te puede pasar es un divorcio más. Ya estás acostumbrado. ¿O no?

CAPRICORNIO: No lo puedes evitar. Eres provocativa y a veces tienes pinta de puta. Eso les gusta a todos, incluyendo a tu marido. Aprovecha ese hermoso don que mamá naturaleza te otorgó.

ACUARIO: Vives obsesionado con la edad y con la muerte. Crees que morirás de viejo a los cuarenta. Pero te consuela que al menos así podrás quitarte de encima a tu mujer, una madreadora y lujuriosa borracha. Tranquis. ¿Has pensado en el divorcio o en el suicidio?

PISCIS: Te encabrona que tu marido ande exhibiendo sus miserias y se masturbe enfrente de todas tus vecinas y amigas. Pero tú tienes la culpa. Desde que te hiciste testigo de Hemán sólo permites que te lo meta una vez al mes y únicamente mientras haces tus oraciones. ¡No la jodas!

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