DESDE MI TRINCHERA.- Sexenio priísta… otra vez

Por: Juan Pablo TOPETE QUIJADA

Por más de 80 años el PRI ha dado presidentes a la nación, de todos sabido su corrupción dejando al país en crisis tras cada cambio de sexenio, y en este último con profundos cambios, llamados estructurales por la federación, lo cuestionable es si realmente favorecen al pueblo, o si es dentro del sistema neoliberal, entonces solo está del gobierno hacia las clases empresariales.

En tiempo próximo a su fin, las acciones de este gobierno hablan por sí mismas, en un partido tricolor que no deja sus formas fuera de ética, perdiendo algunas plazas importantes en cuanto al número de votantes como Veracruz, y manteniéndose en otras, como desde la raíz misma del clan Atlacomulco, que tras varias décadas al fin puso a su títere en Los Pinos.

Y qué se puede esperar de quién desde campaña no supo decir 3 libros que hubiesen marcado su vida, ni cómo murió su esposa (la auténtica, no la supuesta en matrimonio eclesiástico cuyo proceso de anulación resultó ser irregular por Derecho canónico).  Repudiado desde antes de tomar cargo presidencial por universitarios de prestigiosa universidad particular y que durante su ya puesta en marcha de Ejecutivo Federal continuó con tonterías causando vergüenza de nuestro pueblo ante la comunidad internacional, precisamente eso es lo que ha hecho el PRI con este presidente, cambiando nombre de estados y municipios, con una torpe interpretación de idioma extranjero y con un escándalo por plagio de tesis, pudiendo ver que ni siquiera tiene un mínimo de preparación, y lo lamentable es que su única forma de sobresalir sea diciendo babosadas, en lugar de reales obras de progreso, que tampoco es de extrañar en los queridos y venerables priistas.

Pero más lamentable han sido los casos de corrupción en los que se ha visto involucrado, una de las cuales provocó anulación de inversión China en proyecto de tren rápido, provocando gastos del erario, o peor aún, de la casa de cuantiosa suma de pertenencia a la primera dama, en suma exorbitante a cualquier salario del medio artístico, no comprobable para la presidenta del DIF nacional.

Aunque, el hilo conductor de su gestión han sido toda una serie de “reformas”, de tal profundidad que ciertamente han cambiado el destino de nuestra sufrida nación, y no precisamente para beneficio de la población, sino con mayores beneficios a las oligarquías, como un retroceso al porfirismo, donde los únicos beneficiados fueron hacendados y extranjeros, y ahora empresarios.

En el ámbito laboral sobresalen cambios a la Ley Federal del Trabajo y al art. 123 constitucional, de tal forma que la muerte de nuestros revolucionarios de poco ha servido, de aquellos favorecimientos al iniciante sector obrero y que el tirano Victoriano Huerta implementó para ganarse a los sectores trabajadores, ahora han perdido pensiones y pagos infames en períodos de prueba sin un sueldo justo y humano.

La reforma energética también fue en beneficio de sectores extranjeros que ahora podrán hacer trabajos de exploración y extracción dentro del sector de hidrocarburos, bajo el argumento de que se rompe el monopolio PEMEX, que solo fue hecho por el mismo sistema de corrupción del PRI .

Y otra de dichas “reformas” es la llamada educativa, que analizándola a fondo es laboral hacia el sindicato magisterial, y poco de realmente hablar de procesos de enseñanza aprendizaje, de igual forma como la energética ataca a Petróleos Mexicanos, esta última reforma ataca de raíz al sindicalismo magisterial, es decir, otra obra propia del sistema neoliberal, desmantelar sindicatos, como en período anterior ya hizo el alcohólico panista Calderón al disgregar a los electricistas (como un antecedente en cuestión laboral-energética) y siendo en este período más que continuación de esta entrega de servicios a energía en manos de extranjeros.

Pero no ha sido solo corrupción, como los grandes desfalcos de Duarte en Veracruz, y cuya falsa sonrisa no es más que una máscara antesu detención, solo en días previos a importantes procesos electorales en distintos estados, sino que a estas corrupciones se suman grandes hechos sangrientos, una continuación de la guerra al narcotráfico del sexenio previo y terribles escándalos de tal magnitud como Tlatlaya y Ayotzinapa, que si bien hubo grandes matanzas con Zedillo, ahora hablamos de desaparición de estudiantes normalistas en total inmovilidad de autoridades pertinentes, preguntándonos si la autoridad no quiso indagar o si dichas acciones simplemente son de ineptitud de las instituciones durante este sexenio.

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