La maldición de Fiona

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Esta es la historia de la Princesa Fiona. Bajo la luz solar, encantadora, accesible, platicadora. Lord Farquaad la necesitaba para ascender al Palacio de “Muy, Muy Lejano”. Pero el monarca no dejó hablar al Espejo que le decía que, sobre ella, pesaba una maldición: en la penumbra solar olvidaba promesas a la Ley y practicaba el nepotismo, el amiguismo en las contrataciones laborales, el racismo (cambió a su vocera por falta de porte), la información real que debería saber El Príncipe, la manipulación mediática.

Fiona desciende de una alianza que escribieron el PAN, la Coparmex y el Colegio de Abogados cuando ese triunvirato estuvo regido por principios éticos, pero a partir del año 1992, a raíz del regreso albiazul al poder político, los abogados en gobiernos del PAN descubrieron el don divino de escribir cláusulas en letras pequeñas, tan pequeñas que nadie lee, para iniciar un imperio en la legalización de facturas y empresas falsas, en pésimas defensas jurídicas (como la pérdida de la lucha constitucional contra las lámparas chinas en Mérida) y decenas de pilladas más.

La comunidad gay la conoce a la perfección porque representa en Yucatán a la organización ultraderechista “El Yunque” (condena el matrimonio gay y la legalización del aborto) como se ha comprobado en las dos ocasiones que el Congreso rechazó el matrimonio igualitario, gracias a una alianza entre Lord Farquaad y el Senador Abejorro, quien tiene la facultad de ordenar a sus diputados locales que apoyen toda iniciativa del monarca así se trate de una deuda histórica, innecesaria, apresurada, de $2,620 millones iniciando su período. Es casada con Jorge Carlos Estrada Avilés presidente del Consejo Nacional de Laicos, ex coordinador del equipo legal de la Arquidiócesis local, ex presidente del Colegio de Abogados de Yucatán y un caballero.

Forma parte de los expertos en Derecho que se hicieron al abordaje de los gobiernos emanados del PAN (no lo pude escribir con minúscula, porque siempre caminan por el lado chueco). Su líder es el abogado Rumpelstiltskin, quien aprendió que el Diablo se esconde en los detalles de todo contrato y llegó a la cúspide cuando Burro, en su sexenio, lo nombró Secretario de Gobierno. Los otrora defensores a ultranza de la justicia, hoy ni tardos ni perezosos le arrancan la pluma a su gansa Fifí, para estafar al necesitado o al ambicioso en turno.

Fiona inició su carrera política en el gobierno municipal de César Bojórquez Zapata. Ahí coincidió con Cecilia Patrón Laviada, quien pese a que perdió la elección hoy se le concedió una diputación federal por oscuros intereses de Lord Farquaad; y María Cecilia Flores Argáez, quien renunció y terminó en la cárcel tras el escándalo de sus conciertos pasivos que rompieron con la cadena de triunfos del Partido Acción Nacional en la capital yucateca, que se inició en 1992, con la llegada de Ana Rosa Payán Cervera; ella es, en los hechos, la encargada de las relaciones públicas de Farquaad con los medios de comunicación, junto con Gabriela Gómez, en el sexenio pasado expulsada de la Sedeculta por presuntos malos manejos y hoy responsable de los contratos de publicidad con los portaleros.

Fiona no se inmutó cuando los medios independientes la acusaron de solapar a su hija Carolina, trabajando para ella, en contra del juramento público que juró cumplir. Son conocidos los apellidos que abundan en altos y medios de la estructura burocrática de Lord Farquaad; conocí y entrevisté a sus abuelos, a sus padres, todos abogados. Solo grazno para que, a diferencia de Burro, el monarca de la sonrisa de pasta dental no dude en el último minuto, y se equivoque al palomear a su sucesor (a), asesorado por esos tintelliros de alcurnia.

Fuente: La Verdad.

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